ENTREVISTAS
Télam - 01.09.2012
Carlos Gustavo Motta: "El sida provocó la transformación del concepto de intimidad"
por Pablo Chacón

En "Psicoanálisis y sida: perspectivas de la enfermedad de inmunodeficiencia adquirida en la época actual", el psicoanalista Carlos Gustavo Motta, sostuvo que de sus investigaciones concluyó en tres hipótesis: críticas, dogmáticas e hipotéticas.

El libro, publicado por la colección Aulas y Andamios de la Fundación UOCRA, es un recorrido amplio por una temática que el impulsor de este simposio, Pedro Cahn, definió como "El principio del fin del sida". Motta es psicoanalista, doctor en Psicología por la Universidad del Salvador; es miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP); además, es responsable del departamento de estudios psicoanalíticos en sida e infecciones de transmisión sexual (GRIPSI) fundado el 11 de noviembre de 1996.

Los siguientes son los principales tramos de su diálogo con Télam:

-¿Cuál es el lugar qué tiene el discurso del psicoanálisis en un congreso internacional de estas características?

-La presencia del psicoanálisis en el ámbito de cualquier congreso científico es innegable en la época actual. No sólo porque tiene herramientas específicas, sino porque permite soportar la angustia que cualquier persona tiene frente a un acontecimiento singular que puede llamarse infección por HIV.

-¿Cuánto se ha avanzado en el estudio de la enfermedad desde el punto de vista psicoanalítico?. Algunos hitos que puedas nombrar.

-En el campo freudiano, los aportes de Francois Leguil y Danielle Silvestre, ambos psicoanalistas franceses, marcaron un rumbo inicial a seguir, luego aportes de Francoise Lybard llegaron a puntos de vista fenomenológicos en la orientación de un tratamiento psicoanalítico, pero fueron artículos aislados y con consecuencias escasas dentro de alguna institución analítica.

Aquí en la Argentina, los trabajos sobre psicología y sida abundan, con clara tendencia conductista, pragmática o sistémica y eso provoca que la dirección de la cura o de un tratamiento se pierda en recomendaciones y consejos interminables.

Los trabajos que se han efectuado por el Gripsi provocaron hallazgos clínicos que abordaron la teoría del acontecimiento y la modalidad de continuar con la profundización del caso por caso.

-Se puede pensar al sida como un mal de época, situado. Si es así, ¿Cuáles serían sus vectores más notorios?

-El mal de la época no es el sida, quizás lo haya sido en el inicio de la pandemia en los 80, que provocó una transformación en el ejercicio de la intimidad, el adiós a la práctica del amor libre que hoy, con la aplicación de las terapias médicas combinadas para tratar a la infección, surgen nuevamente con otros nombres.

El mal de la época puede ser, como señala además el sociólogo Richard Sennet, la imprevisibilidad en los lazos sociales y la precariedad, que provoca riesgos de todo tipo.

-Has dedicado un libro entero a la relación psicoanálisis-sida. ¿A qué conclusión llegaste?

-Las conclusiones a las que llegué fueron de tres tipos: críticas, dogmáticas e hipotéticas. Puedo sintetizarlas en que la prevención del HIV puede dar resultado pero que necesita orientarse y sostenerse.

Los nuevos estudios ponen de manifiesto que la ampliación de los programas de prevención están orientados a las personas más expuestas al riesgo de infección. De acuerdo con ello, se observan indicios crecientes de brotes de HIV entre varones que tienen relaciones sexuales con varones en Camboya, China, India, Nepal, Pakistán, Tailandia y Vietnam, así como en toda América Latina, pero la mayor parte de los programas nacionales del sida no llega a atender las necesidades específicas de este grupo.

Los datos disponibles también ponen de manifiesto que los programas de prevención del HIV no consiguen abordar la superposición entre consumo de drogas intravenosas y trabajo sexual dentro de las epidemias de América Latina, Europa oriental y en particular Asia.

Conocer la propia epidemia y comprender los factores que la impulsan, como son las desigualdades entre varones y mujeres y la homofobia, es absolutamente fundamental.

-¿Qué posición dominante sobre esta cuestión existe en la comunidad analítica?

-Las buenas intenciones de los programas llamados de prevención, no alcanzan a dar una respuesta satisfactoria a la situación mundial en relación al sida. La persona que padece la infección no deja de ser una persona con sus pasiones, miedos, angustias y amores.

Su padecimiento psíquico no depende del virus. Como toda persona, queda presa de su estructura psíquica, de la construcción propia del mito familiar, de los acontecimientos con los que se confronta en su vida y que determinan la textura mítica de su historia.

Un psicoanalista no recibe a un paciente con sida, sino que recibe a un sujeto que palpita frente a una pregunta que intenta descifrar en la experiencia analítica. Conservar esta orientación que permite apuntar a lo diferente posibilita que un análisis no reproduzca en el ámbito terapeútico la segregación del entorno.-

Fuente: Télam