ARTÍCULOS
Un día a la vez
por Carlos Gustavo Motta

Conavid-19 y la transformación de la subjetividad

Para el Psicoanálisis, no existen las leyes universales, que permitan decir con certeza qué le sucederá a un sujeto puesto en tal o cual coyuntura. Un saber acumulado por la tradición psicoanalítica describe las estructuras clínicas y sus rasgos diferenciales, el desarrollo tipo de un análisis, la sexualidad infantil, etc.

También hay un saber singular, el del caso clínico,

pero no precede la experiencia de la cura psicoanalítica. Por eso Freud aconsejaba al profesional que olvidara todo lo que sabía antes de escuchar un nuevo paciente. La relación del sujeto con la pulsión de muerte está en primer plano en el campo psicoanalítico de la sexualidad. Se trata, en cambio, de una dimensión radicalmente ignorada por la ciencia, porque está al margen de su campo.

Ese desfasaje entre los dos discursos se aprehende cotidianamente en la práctica del psicoanalista, enfrentado a los efectos de discurso de la medicina considerada como una técnica científica. Para la Medicina, cuya función es curar, la pulsión de muerte está al margen del discurso. Sin embargo, esa pulsión puede representar un obstáculo al deseo de sanar del sujeto, del que el Psicoanálisis nos enseña a dudar. Es posible, incluso, que la Medicina se erija en cómplice ciego de la pulsión de muerte que habita a un sujeto. Este desfasaje entre el discurso de la Ciencia y el del Psicoanálisis, que es de estructura, plantea cierta cantidad de problemas éticos al psicoanalista.

El sujeto mismo es real, “respuesta de lo real” y un virus es lo real.

Así como otra pandemia, la del sida, mostró y muestra a un mundo pleno de contradicciones donde lo “atacado” por el virus fue la intimidad misma y la transfiguró en el uno por uno de una relación vinculante, el COVID-19 viralizó la trama social toda: la política, la social, desnudando de modo descarnado la realidad sanitaria y de carácter universal. Cuarentena o no, la ubicuidad del virus, esparce un monto de angustia que prolonga un círculo vicioso donde la incertidumbre reina y la certeza protectora sólo se condensa en lavarse las manos con jabón (que por el momento aquí en nuestro país se consigue). En la historia el “lavarse las manos” sólo provocó desviar la mirada de las cosas que nos importan ante un nuevo real que provoca un invento colectivo. En este caso, en un nuevo acto provocado por un virus. Un acontecimiento que nos lleva a pensar en un antes y en un después. Y una invención que señala un saber-hacer. Ya veremos qué. Por ahora, un día a la vez.

Buenos Aires, 3 de abril 2020.